La entrada inaugural podría ser cualquiera de las tantas cosas que estaban ocultas en la vida de la gente con chicos y que de golpe se hacen visibles.
El mundo de la paternidad (próxima, en mi caso), es como el mundo de Harry Potter. Las dos rayitas del test te permiten ir corriendo hacia la columna del andén y aparecer en un mundo nuevo.
La verdad es que es mucho más rico que plantar un árbol o escribir un libro. Y complejo también.
Vamos al objeto protagonista de esta entrada: el vigilabebés.

Del viejo y obsoleto walkie talkie, la Industria del Bebé hizo un aparato que es “indispensable” para el bebé moderno.
Del panóptico al panaural
Es genial que la caja del modelo analizado diga “Italian Design for today’s babies”. Porque ¿qué otra cosa necesitan los bebés de hoy que ser vigilados todo el tiempo?
La elección de los eufemismos del walkie talkie para bebés, incluyen además un clásico (“monitor”) y un neologismo bien, bien concreto: “vigilabebés”.
Para los angloparlantes, el aparato enuncia un deseo no realizable aún: “Baby Talk”. Lo más cercano al “talk” que podemos llegar a escuchar es un llanto mezclado con descargas de ruidos (lo que escucharía la mamá delfina abajo del agua quizás).
Este modelo tiene un alcance de 200 mts. La tentación es la de decir “me voy al kiosco con la Unidad de los Padres (sic) enganchado en el cinturón, como para volver rápido si llora el niño”.
Ahora, la pregunta es: ¿Cuántas chances de colocar el bebé a una distancia no audible para el oído humano y menos de 200 metros?
Es probable que en la práctica, luego de que los tíos jueguen, el aparato cumpla la función de reaseguro. ¿Escuchaste algo? ¿En el parlante o allá? esperá… sí, me pareció. Levantate. Está dormido, se debe haber ligado con el vigilabebés del vecino.